Afuera Benjamín corre y se esconde, juega a las escondidas con Memé. Memé ha contado muchas veces hasta veinte, pues a Benjamín no le gusta contar y yo no quiero jugar hoy.
A mi habitación le entra solamente un poco de sol esta tarde. Prendo la lámpara y bajo ella hay un pequeño huevo de plástico que me regalaron de pascua. Los zapatos yacen desordenados sobre el piso y la ropa limpia y arrugada se acumula en una silla grande color café; no he tenido tiempo de doblarla y organizarla.
Pasa un señor, tal vez de unos 62 años, saluda a Memé y le da dos besos, mejilla izquierda primero y luego a la derecha, intercambian palabras por un rato y luego se va, tal vez sea un vecino, pienso, nunca lo había visto.
Benjamín se cayó, llora y su madre sale a buscarlo, Memé recuenta una historia a su hija que alguna vez le hizo gracia a Benjamín, el cual ríe al acordarse y deja de llorar. Su madre lo besa suavemente, y vuelve a entrar a su casa, tendrá algo que hacer. Y yo mientras me pongo curas en los pies, no vuelvo a olvidar dejar al menos dos pares de medias limpias.
Finalmente entran de nuevo a la casa, Sophie invita a Memé, no entiendo bien a que, pero se que es el miércoles, se también que comienza a las 4:15pm y terminará a las 6pm. Yo mientras leo un artículo que dice que aparentemente hay una gran diferencia entre lo que los franceses dicen o piensan y lo que hacen realmente. Sale Sophie y Benjamín mira la televisión, Memé ya comenzó a preparar la comida y yo escribo sobre los libros, sobre las hojas y de vez en cuando corrijo mi postura para no cansarme.
Ahora mis ojos se posan sobre las pequeñas flores de color rosa que están al lado de la puerta de la habitación, me alegra haber encontrado la manera en que no rozaran con la puerta al abrirla y cerrarla para entrar o salir.
Memé tararea una canción, tiene una linda voz, pienso mientras la escucho con atención, se repiten golpes del cuchillo sobre la tabla que está al lado del lavaplatos, zanahorias quizás. Luego Memé calla para concentrarse en las cantidades de condimentos y hierbas que ha de meter en las ollas, ahí llega Benjamín a decir que tiene hambre, y yo miro su camiseta, es de felix el gato.
Benjamín tiene una prima que se llama Léa, ella tiene 5 y él tiene 6, pero ella se ve mucho más grande que él. Benjamín es alérgico a los lácteos y a los huevos, le encantan las ensaladas y se come los espárragos con salsa de tamarindo como si fuesen caramelo.
Benjamín me agrada. Me gusta cuando pinta casas y soles enormes y felices, me agrada cuando cuenta historias de su novia cuando estamos comiendo en la mesa, pero no me agrada cuando me desconecta el cable del internet, cuando me despierta las mañanas de los sábados y domingos a decirme que ya están desayunando, Memé siempre lo regaña, pues él tiene prohibido entrar en mi cuarto y despertarme en las mañanas. En cambio, me hace reír cuando grita que el agua en la tina esta fría, cuando me mira a través del tarro grande de mermelada y hace algunas muecas, y cuando corre desnudo por toda la casa escondiéndose de Memé.
Ahora me voy, jugaré 4 ó 5 partidas de Rummi con Memé y me contara historias.
2 comentarios:
Me recuerda otra época. Tiene ese sentimiento de añoranza, me haces sentir en una hermosa casa con papel tapiz y luces amarillas, me haces pensar que veo por tu ventana, y tu no me ves a mi. Me haces pensar en sombras y siluetas tras los cristales tibios de una casa gigante, me haces pensar y querer decir algo, pero es mejor así.
Tu escrito, el de "una tarde agradable", sabe Borges, ahora que leo el Bestiario siento que te veo en ese cuento. Tu nombre de hecho aparece, no como mujer, como sopa, juliana como sopa.
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